Querida abuela:
Espero que estés bien y que el jardín siga lleno de flores como siempre. Te escribo porque hace mucho tiempo que no hablamos y te extraño mucho.
La semana pasada encontré una foto vieja de cuando yo era pequeña y pasábamos los veranos en tu casa del campo. Me acordé de las tardes en las que me enseñabas a hacer pan y de las historias que me contabas antes de dormir.
Ahora vivo en la ciudad y todo es muy diferente. Trabajo muchas horas y, a veces, olvido las cosas simples que tú siempre me enseñaste: caminar despacio, escuchar a los demás y disfrutar de una buena comida sin prisa.
El mes pasado empecé a cocinar los platos que tú me enseñaste. Al principio no me salían igual de bien, pero después de varios intentos, logré hacer tu famoso guiso de lentejas. Cuando lo probé, sentí que estaba de vuelta en tu cocina.
Mi hermano me contó que fuiste al médico la semana pasada y que todo salió bien. Me alegré mucho de escuchar esa noticia. Por favor, cuídate y no trabajes tanto en el jardín bajo el sol fuerte.
Estoy planeando visitarte el próximo mes, cuando tenga unos días libres del trabajo. Quiero sentarme contigo en el porche, tomar café y escuchar tus historias otra vez.
Espero que estas líneas te alegren el día. Te quiero mucho y pienso en ti todos los días.
Con mucho cariño, Camila